¿Sientes una mezcla de emociones?

¿Te has sorprendido alguna vez llorando y riendo a la vez? ¿Recuerdas haber sentido miedo y esperanza al mismo tiempo? ¿En algún momento de tu vida has sentido vergüenza y orgullo?

 Parecería que he hecho un listado de emociones contradictorias para marear a mi amable lector, pero no es así, no he hecho mas que describir la realidad tal cual es. Las emociones, querido lector, no son dicotómicas o categóricas en tanto a la experiencia de las mismas; es decir, que podemos estar tristes y abatidos por la muerte de una persona amada, pero a la vez podemos sonreír ante la visita de un buen amigo.

Las emociones son estados de activación física y psicológica que tienen una repercusión en lo que pensamos y hacemos pero que pueden coexistir de manera simultanea ya que representan dimensiones que se pueden dar en paralelo.

 ¿Pero por qué podemos sentir a la vez emociones tan contradictorias entre sí?

Estrés postraumático

Muchas personas están sufriendo estrés postraumático como consecuencia de haberse visto expuestas a una situación traumática, dolorosa o violenta.

El estrés postraumático es un amargo compañero que te abraza y te condiciona lo que sientes, piensas y haces. Esa mirada triste, el silencio, la cabeza baja, las ganas de no hacer nada, la mente dispersa y ese desasosiego…

El miedo se entremezcla con imágenes vividas, la ansiedad tiñe de oscuro los recuerdos que vienen sin pedir permiso, en cualquier momento, distrayéndote de lo que estás haciendo. Te sorprendes mirando al techo, dejas de jugar con tus hijos, te acuestas y eres incapaz de cerrar los ojos, comes como un autómata y eres incapaz de concentrarte en el trabajo.

Carta para los nuevos psicólog@s

Hoy tenía previsto dar una charla en un acto de graduación para psicólogos en Madrid. Debido al parón general organizado en Catalunya como protesta a la violencia vivida el pasado domingo he tenido que anular mi asistencia, igual que a otros actos que tenia previsto.

Como me sabía fatal no asistir a este acto organizado por los propios alumnos con mucho esfuerzo y dedicación les propuse enviar un vídeo con mi charla. Pero lo cierto es que no he tenido ánimo y les he enviado esta carta para que la leyeran si lo tenían a bien.

Una parte de los organizadores han juzgado que querían eliminar un trozo de la carta que a su entender tenia contenido político. Como finalmente no van a leer la carta por estos motivos y  con permiso de mi interlocutora, me permito compartirla sabiendo que no hay nada de política en absoluto, pero sí de denuncia de la violencia, sea con quien sea…

En cualquier caso, futuros psicólogos, aquí están mis mejores consejos después de 20 años de experiencia a nivel internacional…

Lo siento pero no puedo. Lo he intentado, pero no puedo.

Hoy tenia que estar con vosotros compartiendo este momento, pero los acontecimientos ocurridos estos últimos días no me lo han permitido. Quizás éste sea un buen punto de partida para introducir uno de los aspectos más importantes, si no fundamentales, de un buen psicólogo: la sensibilidad.

La sensibilidad, la misma sensibilidad que me tiene con el corazón en un puño desde que viera tanta violencia indiscriminada el pasado domingo. La misma sensibilidad que me provoca una intensa mezcla de emociones que estoy intentando gestionar. La sensibilidad que me atenaza la garganta con un nudo, independientemente de que la terrible represión policial la hayan realizado en Cataluña o en cualquier comunidad autónoma del país en el que resido. Hubiera sentido exactamente lo mismo si los protagonistas de esa triste estampa hubierais sido vosotros, mis queridos amigos Madrileños.

Esa sensibilidad será vuestra mejor aliada a lo largo de vuestra carrera profesional, os hará grandes profesionales, capaces de detectar ese detalle y ese matiz que necesita una buena relación profesional. Por favor, nunca perdáis esa sensibilidad, llorad con vuestros clientes, sentid su misma tristeza y celebrad con ellos sus logros.

Implicaros con cada paciente. ¡Está sufriendo! Os necesita, necesita de vuestra ayuda y soporte, de vuestra implicación y compromiso, de vuestra empatía y vuestra compasión mucho más allá que la sesión de los jueves a las seis.

Cada vez que entras en una consulta o en una empresa, has de priorizar las necesidades del paciente o cliente en vez de las tuyas. Tu paciente ha depositado su confianza, sus expectativas y su esperanza en ti. Lo siento, ejercer de psicólogos no es una profesión apta para pusilánimes.

Sé que implicarse en cada caso tiene un elevado coste emocional para el profesional, pero no hacerlo lo tiene para el paciente. Cuidad de vosotros, recargar vuestra energía, gestionar la fatiga por compasión, esa terrible enfermedad profesional que nos acompañará a lo largo de nuestra carrera profesional. Pero no eludáis la responsabilidad que libremente habéis adquirido con el ejercicio de vuestra profesión.

Tenemos que descansar, que regenerarnos. Entregarnos y recuperarnos. Aquel que vive a medias, aquel que trabaja a medias, sólo será un profesional a medias. Vive y trabaja intensamente, pero prevé, de la misma manera, un momento y un espacio para regenerarte y gestionar las emociones con las que estás trabajando. Algunos psicólogos tan solo van a trabajar, otros son grandes profesionales felices y orgullosos de su trabajo.

Sé que es difícil, pero aquí os introduzco otro de los requisitos básicos de un buen psicólogo: la humildad. La humildad de saber reconocer que somos personas, no superhombres ni supermujeres y que a veces tenemos que dar un paso atrás o al lado para atender a lo que sentimos y pensamos, sin ignorar el mensaje que tiene que darnos esa sensibilidad tan necesaria e importante para el correcto desempeño de nuestra labor.

La humildad para reconocer que no lo sabemos todo y que no podemos parar de estudiar y de aprender. Destina un rato, cada día, para aprender. Cada año me compro diferentes manuales de psicología, a menudo los de la UNED y cada día voy consultando, repasando y actualizándome.

La humildad para no precipitarnos en nuestros juicios y diagnósticos, para no juzgar lo vivido, pensado o sentido por nuestros clientes, la humildad que nos va a impulsar a ganar en perspectiva, en cuestionarnos con actitud crítica lo que estamos viendo, la humildad, la misma humildad, que nos hará grandes profesionales al servicio de personas que están sufriendo.

No quiero alargarme mucho más, pero no querría acabar sin hablar de otro de los grandes pilares de un buen profesional: el rigor. Practica tu profesión con rigor, con el rigor que nace del más profundo de los respetos hacia la profesión y hacia el cliente. Vivimos en un mundo donde queremos tener notoriedad, donde nos vendemos por un minuto de gloria, donde somos capaces de decir cualquier tontería para poder acallar un ego fuera de control y, queridos, los psicólogos no estamos exentos. He escuchado a compañeros decir auténticas barbaridades en nombre de la psicología, tonterías sin sentido que acaban provocando que la gente menosprecie la gran labor que realizamos.

Medid vuestras palabras y recordad que la psicología es una ciencia y que, por poner un ejemplo, sabe que nuestro cerebro reside en un cuerpo, un cuerpo que interacciona con él y que por lo tanto lo determina. Cada vez que un psicólogo asegura que la mente lo puede todo, está incurriendo en un grave sesgo, contribuyendo a que las personas que han depositado en él su credibilidad y confianza, esgriman tal insensatez como justificante de cualquier cosa.

Rigor, queridos, rigor y autoexigencia con respeto a las aportaciones más rigurosas de la psicología.

Podría seguir, me gustaría seguir, pero me sabe mal tener a alguien leyendo esta carta durante mucho rato más.

Por favor, aceptad mis disculpas. Hace algunos meses, veía ilusionado cómo María transformaba su desencanto por no poder tener un acto de graduación en una acción positiva y constructiva como era organizarlo. Transformar la frustración en algo constructivo es digno de admiración ya que lo más fácil es quedarse instaurado en la queja y la ira.

Con ese espíritu constructivo y con una disculpa me gustaría desearos que tengáis una buena carrera profesional, que la ejerzáis a fondo y que podáis aprender de cada contratiempo o adversidad, para que algún día, en ese proceso de crecimiento profesional, cuando miréis atrás, podáis ver que de cada contratiempo aprendisteis una lección que os hizo más bellos y mejores personas.

Prometo compensaros. Cuando todo esto pase y esté más calmado, vendré encantado a Madrid a dar una charla para vosotros a cambio de unas porras con chocolate, eso sí!

Todo lo mejor!

Tomás

PAS, esas malas hierbas de la sociedad.

Hace algunas semanas que oigo y leo sobre las PAS: las Personas Altamente Sensibles. Hace algunos días una persona me envió un correo pidiéndome que dedicara un vídeo a hablar de las PAS y ese mismo día, por casualidad, leí una entrevista a una persona PAS.

He de confesar que he ido madurando el tema, poco a poco, sin encontrar el momento en el que sentarme a organizar todos los inputs que he ido recibiendo; pero esta mañana ha pasado algo, algo que le ha dado forma a la reflexión que he estado construyendo estos días.

Permíteme que me aleje un poco del tema para ponerte en contexto. Esta mañana he dado un paseo por unos prados que tengo cerca de casa, acompañado de mi pareja y de mis perros. Era una mañana magnífica, soleada, clara y con una temperatura muy agradable. Durante el paseo hemos ido charlando de temas varios, jugando con los perros y disfrutando del paisaje.

Andar es bueno para el corazón y también para el alma. Deberíamos poder tener tiempo para dar un paseo diario, ya que mientras andamos, también nos relajamos, sentimos y pensamos. Y eso justamente es lo que me ha pasado, que he sentido y he pensado.

En un campo sembrado por algún cereal, luchaban por hacerse un hueco bellas flores silvestres de color lila, amarillo y rojo. Amapolas y otras malas hierbas a priori… Sí, malas hierbas ya que no son productivas, afectan negativamente a los cultivos y contaminan la recolección de la cosecha.

Malas hierbas, malísimas, hierbajos a eliminar de la faz de la tierra por el mero hecho de que no son productivos… Pero ¿Malas hierbas para quien? Yo solo he visto unas flores preciosas que luchaban por sobrevivir en un hábitat invadido por el ser humano.

Y de repente me he visto pensando en las PAS. Para mí las PAS no tienen ningún problema, al contrario, más tendrían que haber. Algunos estudios apuntan a que un 20% de la población es PAS y la verdad es que pocas me parecen. Después de leer una descripción de una persona PAS me he dado cuenta de que yo encajo perfectamente en ese perfil…

¡Pero yo no me considero un PAS! Yo me considero una persona absolutamente normal o excepcional -según como quieras mirarlo- que no debería tener el más mínimo problema por ser como es.

Sin embargo, lo cierto es que esta sociedad artificial, hiperproductiva, insensible y acelerada penaliza a las personas sensibles. Sí, a aquellas personas que piensan, que analizan, que sienten, que perciben lo que ocurre a su alrededor y que tienen un criterio y un sistema de valores que no quieren perder. A mí me gusta mirar a los ojos de la gente… y de los animales… Cuando miro a los ojos veo a un alma y todo lo que tiene que decirme. Sufro cuando veo a un niño sufrir, me duele el dolor de las personas que tengo cerca, me enfado con las injusticias y pierdo el sueño por culpa de una cabeza que no para de pensar.

Me entristezco, me enfado, tengo miedo y siento asco y rechazo… Pero lo mejor de todo es que no ignoro esas emociones, esos mensajes que las personas que tengo cerca, la sociedad y mi cuerpo tienen que decirme. No niego lo que siento, no me distraigo, no le doy las culpas a otros y asumo mi parte de responsabilidad -y a veces las responsabilidades de otras personas-.

Yo -y los PAS- no tendríamos que ser los raros, ni estar penalizados. Tendríamos que ser los normales, lo más frecuente y quizás así, esta sociedad podría volverse más humana, más sensible, más empática, más prosocial y más compasiva. Los PAS no miramos a otro lado, no nos distraemos con caprichos, no ignoramos lo que sucede a nuestro alrededor, no nos autoengañamos ni mucho menos engañamos a la gente que nos rodea.

Los PAS no somos hipersensibles, solo somos sensibles, humanos y compasivos. Tenemos valores, asumimos nuestras responsabilidades y somos coherentes. Los PAS no somos unos blandengues, ni tan solo somos lentos. No nos precipitamos en nuestras valoraciones, exploramos en vez de enjuiciar, compartimos en vez de competir, cooperamos incluso a sabiendas de que no nos va bien y de que no vamos a sacar nada a cambio. Los PAS no somos obsesivos, pero no podemos parar de pensar en aquello que nos afecta como personas y como comunidad. Nuestra responsabilidad e implicación nos roba el sueño y nos impide dibujar una sonrisa, a veces.

Yo creo que las PAS no son ningún problema, al revés, el problema es que hay pocos PAS y demasiados PAI (Personas Altamente Insensibles), personas que viven sumidos en un egocentrismo que les aísla de todo lo que les rodea, personas que compiten por tener lo mejor, ser los mejores y tener más que el vecino a cualquier precio, sea utilizando la violencia, las trampas, estafando, engañando o robando.

Tenemos demasiados PAI, personas desconectadas de otras personas que buscan la distracción y el ruido para no tener que pensar, personas que se autoengañan una y mil veces al día, que bajan la mirada para no tener que mover un dedo por nadie y que son incapaces de contribuir a la sociedad a no ser que tengan una suculenta recompensa a cambio. Abundan las personas que no tienen amistades, sino contactos a los que explotar. Personas sumidas en su propia ambición capaces de arrasar con todo lo que se le ponga por delante… Personas, en definitiva, desnaturalizadas, capaces de ignorar el sufrimiento humano, incapaces de cooperar por el bien común, orientadas, nada más al enriquecimiento personal sea económico, social, emocional o en cualquier de sus formas más egoístas.

¿Acaso las PAS no son como esas amapolas en medio de un campo de trigo, que les da belleza pero que el agricultor no quiere ni ver? ¿Acaso las PAS no son esas malas hierbas que no han cometido ningún pecado mas que demostrar que otro modelo de vida es posible? ¿Acaso las PAS no son más que incómodas malas hierbas para la sociedad?

Desde aquí reivindico la eliminación de la etiqueta de persona altamente sensible y la creación de una etiqueta descriptiva de Persona altamente insensible deseando que llegue a tener un público anecdótico de no más del 5% de la población.

Mientras estoy revisando este artículo acaba de llegar mi hija con un ramo de flores silvestres, de esas malas hierbas que crecen en medio de los campos de cultivo. He colgado la foto del bello ramo en mis redes sociales (@tomasnavarropsi): la belleza de las flores silvestres de montaña está infravalorada…

  • Papi un regalito. ¿Sabes qué? Hemos visto un gatito tumbado en el suelo. mami dice que está muerto pero yo creo que no, ¿vamos a verlo?
  • No cariño estaba muerto, parecía atropellado, pobrecito… añadió mi mujer.
  • ¿Papi podemos ir a verlo a ver si podemos salvarlo?

¿Acaso mi hija será una persona normal? ¿O una PAS? No lo sé, pero lo que sí que sé es que haré todo lo posible para que no sea una PAI…

Buenos dias, tristeza

Menuda campaña de hostigación, acoso y derribo que se ha organizado contra la tristeza. La tristeza no es mala… ¡Ni mucho menos! La tristeza es una emoción básica que necesitamos para poder vivir felices. Sí, has leído bien.

Hace algunos días realicé un viaje de 600 kilómetros por carretera junto al resto de mi familia. Durante el camino nos encontramos con unas personas queridas y aprovechamos para comer juntos. Al acabar la comida y volver a la furgoneta, mi hija me dijo algo que me dejó muy triste.

 -‘Papá, tú no te has dado cuenta, pero cuando has estado con nuestros amigos has estado más alegre y divertido y me gustaría que lo siguieras estando ahora que ya no están’.

Pues sí. Me puse triste. Muy triste. Los siguientes kilómetros transcurrieron en un silencio triste solo maquillado por un poco de música. Poco a poco Morfeo se apoderó de mi hija y de mi mujer, por lo que recorrí prácticamente 100 kms en silencio, pensando, triste…

Me duele…

Hoy he leído una entrevista que me ha dolido. Era una entrevista en la que un psicólogo hablaba sobre el dolor, la fibromialgia y la fatiga crónica. Sí, me ha dolido, pero no como le duele la vida a una persona que sufre fibromialgia. No ha sido ese dolor sordo que les acompaña de noche y de día. No ha sido ese dolor cruel que espera pacientemente a que se pase el efecto del analgésico tomado con una mezcla de ilusión y desesperanza…

Me ha dolido que dijeran que el dolor es secundario a un estado de nerviosismo, ansiedad o tristeza; cuando la realidad es que el dolor crónico, aquel que te tortura cada día, es capaz de deprimirte, angustiarte, robarte la ilusión por la vida y de cambiarte el estado de ánimo. Trata de recordar tu peor dolor de cabeza, de barriga o de espalda y ahora trata de imaginarte que cada día del mundo lo estás sintiendo, de día y de noche. Trata de imaginarte que te duele el peso de la sábana, el peso de tu pelo y el solo hecho de estar de pie, sentado o tumbado. Trata de imaginarte que no hay manera de descansar y desconectar del dolor. ¿Acaso no estarías angustiado, deprimido o de los nervios?

Quizás algún día nos demos cuenta de que el estado psicológico que acompaña al dolor es consecuencia y no causa. Que un profesional de la psicología no lo entienda así y estigmatice a las personas que sufren dolor me duele.

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Me duele que digan que hay personas que con dos semanas de tratamiento dejan de sentir dolor. No digo yo que no haya pasado, pero creo que tendríamos que matizar qué tipo de dolor sentían. Personalmente conozco a más de una persona que ha utilizado la fibromialgia, la fatiga crónica e incluso la depresión para hacer chantaje emocional y conseguir así captar la atención de las personas que tiene cerca.

Este tipo de simuladores, más o menos conscientes de su simulación, no pueden equipararse, ni eclipsar, ni mucho menos relativizar el sufrimiento de aquellos que no están simulando. Hace unas escasas semanas una “persona afectada de fibromialgia” se curó milagrosamente el mismo día que dejó a su pareja para unirse a otra persona. Permíteme que dude de su dolor, tanto como de su curación.

Me duele que se hagan negocios con el dolor. Con el dolor no se puede hacer nada más que compensarlo conscientes de que de momento no hay mucho que ataje el origen del mismo. Pero ello no supone que se olvide la investigación, más bien lo contrario, tenemos que redoblar esfuerzos para atajar este cancer silencioso y  menospreciado que está matando en vida a millones de personas., destrozando su ilusión, su futuro y sus ganas de vivir.

Me duelen los diagnósticos frívolos y superficiales, prepotentes incluso, en los que un médico se precipita en sus conclusiones y fijándose únicamente en los síntomas más evidentes, concluye que ya no merece la pena seguir investigando en la causa de ese dolor. Me duele la mirada de superioridad e incredulidad con la que un médico escucha lo que un paciente afectado de fibromialgia tiene que explicar. La etiqueta ya está puesta, nada va a cambiar su opinión.

Me duele, mucho más, la crueldad con la que inspectores y tribunales médicos deciden que el dolor que sufre una persona no es para tanto y que seguro que puede trabajar de alguna cosa que no requiera esfuerzo físico, sin tan solo mirar a los ojos de su interlocutor para no tener que ver una mirada cansada, abatida y desesperada que les haga cuestionarse que un día juraron que lucharían contra el dolor, así como la ética de su praxis y al servicio de quién están.

Me duele que no se entienda que la vida de una persona afectada por dolor o fatiga crónica no es vida. Y me duele mucho más cuándo el que no lo entiende es un profesional de la salud que tendría que tener una sensibilidad especial. Aquel que crea que el origen del dolor es psicológico y que la mente puede controlarlo le propongo que realice un sencillo experimento. Si quieres comprobar cómo el dolor puede condicionar toda tu vida y cómo tu mente no puede hacer absolutamente nada para controlarlo, no tienes más que pellizcarte la oreja con una pinza de la ropa, apretarte dos ojales más el cinturón, ponerte unos zapatos de talla menor a la que utilizas o pincharte con una aguja cada diez minutos, durante todo un día. Al final del día trata de imaginarte que el resto de tu vida será así, cada día, cada noche… Y entonces, solo entonces, llegaras a imaginar lo que puede llegar a sentir una persona afectada por el dolor y la fatiga crónica…

Sí, solo imaginar, como la punta del iceberg que asoma por encima del mar, ya que nadie, absolutamente nadie que no lo haya vivido, puede tener una idea de la tortura que supone saber que tu vida estará empañada por el dolor y por la fatiga.

Me duele que la vida te duela. Me duele y me entristece.

Claves para entender y vencer la timidez. Fortaleza emocional aplicada

Me han pedido que haga un vídeo sobre la timidez. Ciertamente la timidez es un problema que afecta millones de personas en todo el mundo. Además determinadas situaciones e incluso determinadas etapas de nuestra vida requieren de una sobredosis de seguridad. Sí, has leído bien, la base de la timidez es la inseguridad y la valoración que hacemos de determinadas situaciones y/o personas.

Si quieres conocer con más detalle como puedes superar la timidez en este vídeo encontrarás recursos que te ayudarán a entender cómo funciona y qué puedes hacer para ganar esa seguridad que necesitas.

Feliz 2018!!!

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Sí, has leído bien. No me he equivocado al escribir la fecha. Te deseo que tengas un feliz año 2018 y un productivo 2017. ¿Quieres saber por qué? Pues porque los grandes logros, no se consiguen de manera inmediata ya que requieren de un proceso. Puedes conseguir todo aquello que te propongas, pero no puedes olvidar que tienes que trabajar para conseguirlo.


Dedica el 2017 a trabajar por aquello que deseas, a dar el primer paso que teimg_5247 acerque a tu sueño, a transformar tus ideas en acciones, tus sueños en proyectos y tus proyectos en realidades. Pasamos demasiado t
iempo dejándonos mecer por el dios de las ensoñaciones y mientras soñamos no hacemos nada para acercarnos a nuestro anhelado deseo.
¡Pues ya está bien de tanto soñar! ¡Pasa a la acción! Plantéate el 2017 como el año en el que darás el primer paso, el año en el que empezarás a trabajar para conseguir vivir tu sueño, el año en el que por fin diste un giro a tu vida.

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El 2017 va a ser un año muy especial para mi y deseo que para ti también lo sea. En unos días entraremos en el año que jamás olvidaré ya que publicaré mi segundo libro, Kintsukuroi, el arte de curar heridas emoc
ionales. El 7 de marzo estará disponible en las librerías, pero lo realmente importante es que este proceso que se verá culminado en marzo, empezó a labrarse en la primavera del 2016.

 Dedica el 2017 a trabajar en lo que más deseas y verás como el 2018 será un año magnífico que nunca olvidarás. Trabaja intensamente y piensa, ya que la acción sin dirección no sirve para nada.

Trabaja y si en algún momento desfalleces, no dudes en enviarme un mail ya que estaré encantado de animarte en la bella empresa que es tomar el control de tu vida.

Por cierto mientras trabajas no olvides de disfrutar de tu trabajo, de tus pequeños logros así como de las oportunidades que te vaya brindando la vida. Disfrutar el camino es igual de importante que disfrutar del destino. Enriquece tu vida, busca oportunidades para celebrar la vida, añade micromomentos de felicidad en tu día a día y no dejes de sonreír siempre que puedas.

Querido, querida, el 2017 será para mi un año de viajes, intenso en emociones y en encuentros y deseo, de todo corazón, que uno de esos encuentros sea contigo y podamos poner cara a la amistad virtual que tenemos.

 ¡Feliz 2018 y productivo 2017!

 

Empieza septiembre

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¡Ya estás aquí!

Me encanta el mes de septiembre por muchos motivos. ¡Y a ti también tendría que encantarte!

Septiembre es el inicio de una nueva etapa y cuando da inicio una nueva etapa siempre es motivo de alegría. Cada principio es una nueva oportunidad.

Yo, en septiembre, me voy a comprar una libreta nueva, una agenda escolar, colores y a veces… ¡Incluso un estuche! Algunos compañeros de profesión dirían que me quedé anclado en una etapa de mi infancia, que tengo algún trauma pendiente o que necesito madurar. Y a pesar de que no tienen la más mínima pizca de razón, he de reconocer que sigo luchando cada día por mantener vivo el niño que fui y que no quiero perder.

No es fácil. La vida no es fácil. Mantener ese espíritu vital, curioso e infantil cuesta trabajo… ¡Pero lo hago encantado!

Pues eso, que me despisto, ya estamos en septiembre, yo ya tengo mi material nuevo preparado y la mejor de mis actitudes para recibir todo lo bueno que me depare este mes de septiembre; aunque, entre tu y yo, he de reconocer que no ha empezado demasiado bien. Han eliminado de la parrilla el programa A punto con la 2, han dejado de editar la revista Psicología práctica, tengo una inspección de hacienda, me han sacado una muela y alguna cosita más… Vaya, nada que no le pase al común de los mortales. Ahora bien, este inicio de una nueva etapa también me va a brindar miles de nuevas opciones y oportunidades, todas las que yo mismo voy a buscarme activamente. Estoy trabajando en diferentes proyectos que no sé si verán la luz o no, pero que como no trabaje en ellos, seguro que no la verán; acabo de publicar un curso online en colaboración con La mente es maravillosa con el que he disfrutado mucho y que espero que ayude a aliviar el sufrimiento de muchas personas, en noviembre comparto cartel, de nuevo, en un congreso con uno de mis maestros más admirados: Luís Rojas Marcos, será el 12 de noviembre en Santiago de Compostela y en unos días voy a entregar mi segundo libro titulado… Ups, casi se me escapa, es ultrasecreto, hasta abril del año próximo no podré desvelar nada, pero estoy ultradisfrutando escribiéndolo y estoy seguro que os resultará de ultrautilidad.

Queridos amigos, he de confesar que la mala suerte existe, la buena no la tengo tan claro, pero de lo que sí que estoy convencido de que existe son los resultados. Siempre, tienes que ir a tope, a máximos, para conseguir que tus sueños se conviertan en realidad… Y cuando así sea, créeme, no será por arte de magia, sino gracias a tu tenacidad.

Querido amigo, querida amiga, te animo a que transformes el agobio del retorno al trabajo en ira y que esa ira sea el precursor de la energía que necesitas para analizar si la vida que llevas te gusta, para ganar cierta perspectiva, para pensar en qué es lo que tienes que hacer para imprimir un giro a tu vida y para pasar a la acción. Si te agobia el retorno a la rutina es porque tienes que hacer algunos cambios en tu vida. Revisa tu trabajo, tu casa, tu pareja, tus actividades de ocio, tus obligaciones autoimpuestas… ¡Revísalo todo! Si todavía no has leído mi primer libro, Fortaleza emocional, te recomiendo que lo leas ya que lo he escrito pensando en ti y en lo que tienes que hacer para vivir la vida que tú deseas. Y si lo has leído, te animo a que lo vuelvas a leer pero con un objetivo en mente: el de llevar todos y cada uno de los conceptos que trato a la práctica.

Este septiembre, querida amiga, querido amigo, tendría que ser el último septiembre en el que te agobie volver a la rutina. Conseguirlo está en tus manos. Te aseguro, y no lo digo con la boca pequeña, ni lo digo por decir, ni por hacer rabia, que ya hace muchos septiembres que no me agobia volver a retomar la rutina, si algún día la tuve. No ha sido tarea fácil, pero tampoco ha sido tan complicado. Si ha de ser algo, ha sido laborioso, pero tampoco creas que ha sido una gesta sobrehumana. No he hecho más que tomar decisiones acordes con mis prioridades, asumir las consecuencias incómodas, trabajar en las negativas y disfrutar de las positivas.

Querido, querida, ten por seguro que yo no tengo ninguna habilidad especial que tu no tengas. Mis amigos dicen que sí, que tengo mucho coraje y valor, y si piensas lo mismo, te tengo que decir que estás equivocado. Yo, al igual que tu, tengo miedo, muchos miedos. Tengo miedo al vacío y al sufrimiento, tengo miedo al fracaso y a la decepción, pero mi mismo miedo me da las alas que necesito y la energía que requiere hacer las cosas con el nivel de exigencia y de coherencia que me permite vivir libre, en paz y en consonancia con mis prioridades.

Querido amigo, querida amiga… ¡Feliz septiembre!… No olvides que tu vida está en tus manos…

A punto con la 2 – A punto para vivir – Los conflictos en la familia

familia

Nacemos donde nacemos por simple azar. No elegimos a nuestros padres ni nuestro contexto familiar. Nuestros padres y hermanos pueden ser encantadores o pueden ser asesinos en serie.

La mayor parte de mis clientes han tenido o tienen problemas originados directamente o indirectamente por sus familias.
Lo ideal es que te lleves bien con tu familia, pero no siempre es posible o no a cualquier precio… No se puede tolerar todo, no se puede tolerar el maltrato físico o psicológico.

Si no encajas en la familia que tienes no pasa nada, no te sientas mal… Quizás tenéis prioridades diferentes, valores diferentes o diferentes puntos de vista. Si no puedes convivir con alguien que pega a las mujeres, que maltrata a otras personas, que roba o que simplemente es machista, homofobo, mentiroso o manipulador, no tienes nada de lo que avergonzarte.

No te sientas un bicho raro. La mayoría de las personas sufren directa o indirectamente por culpa de sus familias.  El origen de muchos problemas de salud mental está en la familia. Empieza a escribir tu propio destino… Tu familia no tiene xq atraparte ni condicionarte…

No renuncies a formar tu propia familia, no te precipites en tus conclusiones desde el dolor… Precisamente has tenido una gran lección de vida y tú puedes ser el origen de una familia preciosa y bonita donde reine el respeto y el amor