Menuda campaña de hostigación, acoso y derribo que se ha organizado contra la tristeza. La tristeza no es mala… ¡Ni mucho menos! La tristeza es una emoción básica que necesitamos para poder vivir felices. Sí, has leído bien.

Hace algunos días realicé un viaje de 600 kilómetros por carretera junto al resto de mi familia. Durante el camino nos encontramos con unas personas queridas y aprovechamos para comer juntos. Al acabar la comida y volver a la furgoneta, mi hija me dijo algo que me dejó muy triste.

 -‘Papá, tú no te has dado cuenta, pero cuando has estado con nuestros amigos has estado más alegre y divertido y me gustaría que lo siguieras estando ahora que ya no están’.

Pues sí. Me puse triste. Muy triste. Los siguientes kilómetros transcurrieron en un silencio triste solo maquillado por un poco de música. Poco a poco Morfeo se apoderó de mi hija y de mi mujer, por lo que recorrí prácticamente 100 kms en silencio, pensando, triste…

Podría haberme distraído, haber pensado que mi hija no tenía razón, que sí que la tenía pero que era normal lo que había pasado, negado la realidad o autoengañado, pensando que tendría que ver a otros padres para poder valorar lo que tenía en casa… Podía haber hecho mil cosas antes que mirar cara a cara a mi tristeza… pero decidí no hacerlas.

La tristeza tiene una clara función adaptativa tanto para uno mismo como para las personas que tiene cerca. Me sentí triste por muchos motivos, en primer lugar, porque mi hija tenía razón eso para empezar. La descripción de los hechos había sido explícita y fiel a la realidad. Los psicólogos no somos ajenos al sufrimiento y en mi caso llevaba varios días preocupado por algo de lo que no me podía ocupar más de lo que ya estaba haciendo. Algunas cosas, muchas cosas, escapan a nuestro control y no podemos hacer más que ir viendo cómo van e ir adaptándonos a lo que vamos viendo.

Y sí, tenía razón, me preocupan temas como la salud de las personas que quiero y su bienestar y ya llevaba muchos días preocupado. Pero esa preocupación que se transforma en una ansiedad que te secuestra lo mejor de ti, no impide que en determinados momentos puedas sentir emociones positivas, como fue el caso. La alegría de estar con personas queridas, una buena conversación y generosas dosis de buen humor y alegría son capaces de abstraerte de cualquier estado de ánimo.

 Y esto fue lo que pasó. Esto fue lo que me hija vio. Esto fue de lo que yo me di cuenta. Ingenuamente creí que controlaba más mi estado de ánimo, que no tenía tanta repercusión en las personas que tenía cerca, que, de la misma manera que el borracho cree que no lo está tanto, yo creí que no estaba tan preocupado, tan abstraído, tan absorto en mis tribulaciones para ver qué podía hacer para imprimir un giro a esta situación que me estaba preocupando.

Piensa que te piensa me di cuenta de que tenía que cambiar algo en mi actitud y tomé algunas decisiones al respecto. Se despertó mi pareja y compartí con ella lo que había estado pensando. Me confirmó mis sospechas. Me rendí a la evidencia. Vio la tristeza en mis ojos y me acarició una mejilla. Puso su mano encima de mi pierna. Entendió que tenía que pensar y me dio unos minutos más de silencio.

Seguí pensando, analizando, no tenía ganas de hablar, estaba replegado en mí mismo, absorto en mis pensamientos y de repente, sin darme cuenta, esa tristeza se esfumó y me sentí satisfecho, contento, feliz de haber realizado ese proceso, feliz de que mi hija fuera capaz de verbalizarlo, feliz del apoyo que recibí de mi pareja y feliz del proceso que había realizado.

La tristeza, esa tristeza que sentí, en realidad fue el mejor de los impulsores que he tenido últimamente. ¡Esto no puede pasar! me dije y de repente tomé consciencia de que tenía que retomar una dirección más constructiva e imprimir un cambio a mi actitud.

¡Pobre de mí y de las personas que tengo cerca si no hubiera atendido a mi tristeza! Estás exagerando, a mí no me hables así, pues la culpa es tuya por no animarme igual que nuestros amigos, eso te lo parecerá a ti, estás equivocada o cualquier otra reacción, maniobra distractiva o enfado injustificado, hubiera estado condenando a la frustración a mi hija, a pesar de lo acertado de su observación.

¿Pero qué hacemos habitualmente? Pues negar esa tristeza, buscar la felicidad desesperadamente, distraernos con cualquier capricho o experiencia de consumo, matar al mensajero que ha osado a plasmarnos la realidad que no queremos ver o culpar a otros de las responsabilidades que no queremos asumir.

¡Ya basta! No seremos felices hasta que no atendamos lo que la tristeza tiene que decirnos. Escucha a tu tristeza. Sí, a esa que sientes al levantarte por la mañana, a esa que sientes al ir a trabajar, la que te invade cuando tienes que volver a casa. ¡Escúchala! ya que tiene algo que decirte. Quizás tengas que tomar decisiones, bajar los pies a la tierra o replantearte algunas de tus prioridades. Quizás tengas que cambiar de trabajo, tener esa conversación pendiente con tu pareja, asumir algún error o cambiar algún punto de vista.

La tristeza te va a dar todo lo que necesitas para poder ser feliz. La tristeza te va a permitir tener un momento para ti mismo, aislado, recogido; ese recogimiento que necesitas para poder analizar lo que está sucediendo ya que la tristeza te desconecta del exterior y te focaliza en el interior promoviendo una activación de procesos racionales.

La tristeza va permitirte que puedas focalizarte en lo realmente importante y va a facilitarte la introspección que necesitas para poder ponerle remedio a lo que estás sintiendo. Gracias a la tristeza realizarás un análisis profundo y constructivo, reflexionarás sobre lo ocurrido y extraerás unas conclusiones que te van a ayudar a pasar a la acción.

Gracias a la tristeza recibirás apoyo de las personas que te quieren o que tienen un cierto grado de sensibilidad y te permitirá elaborar lo vivido y lo sentido gracias al dialogo, así como conseguir un punto de vista diferente que pueda enriquecer tus conclusiones o tu proceso de análisis.

Escucha lo que un psicólogo tiene que decirte y escucha a tu tristeza, a la tristeza que sientes, ya que ella es una de las emociones básicas que necesitamos para poder seguir vivos. En materia de diseño somos perfectos, no nos sobra nada, ninguna de las emociones que sentimos, incluso la ira es buena y adaptativa…

Escucha lo que la tristeza que sientes tiene que decirte sin maquillaje, autoengaños o distracciones.

 

La tristeza es mucho más necesaria de lo que crees. Atender a lo que sientes es mucho más importante de lo que imaginas…

 

Así que dale las gracias a la tristeza y trátala con respeto porque te está avisando y movilizando a la acción para que hagas algo en tu vida antes de que sea demasiado tarde. 

 

3 comentarios

  1. Muy buena entrada.

    Llevo un tiempo sintiéndome triste de continuo (o muy triste en ocasiones). Siempre he prestado atención a mis emociones y a lo que las causaba, pero esta vez simplemente pensaba que algo no andaba bien conmigo (ya que este estado de tristeza me vino después de una muy buena época), agravando el problema de ansiedad que padezco desde hace casi 10 años.

    En esta época, me ha costado mucho socializar, sobre todo (supongo que también tiene que ver con que parte de esa tristeza me ha venido al vivir situaciones desagradables con personas en las que confiaba). Pensaba que tenía un problema al no poder apreciar y disfrutar las cosas buenas que me ocurrían a veces y, gracias a esta entrada, me he dado cuenta de que lo que mi tristeza me estaba indicando era que necesitaba parar y cuidarme más.

    Gracias.

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