100. sigue corriendoEl sábado pasado mi hija corrió su primera carrera. A pesar de que voy a correr habitualmente y de haber organizado alguna que otra carrera, no fui yo el instigador de tal gesta. La incitadora fue su prima… Sí, su prima así que ya me tienes preparando la maleta y conduciendo 180 quilómetros para llevarla a su primera carrera, una carrera de menos de un quilómetro en la que aprendió muchísimas cosas.

Mi hija aprendió a conocerse y a conocer las reacciones de su cuerpo. Sin darse cuenta desarrolló su capacidad propioceptiva y aprendió a relacionar las sensaciones que sentía con una estrategia. Se dio cuenta de que es importante entrenarse para que cuando llegue el momento de la verdad, todo sea más fácil. Aprendió a regularse y a dosificarse sabiendo que una carrera siempre se hace larga y que tenemos que ser capaces de mantener un ritmo constante de principio a fin.

Aprendió que cuánto más te entrenas mejor será tu rendimiento y que es mejor vivir por objetivos, persistir inteligentemente y no renunciar a lo que deseas. Aprendió que el esfuerzo te devuelve el favor con una buena dosis de satisfacción y aprendió que cada persona tiene un ritmo en el que se encuentra cómodo, pero que si te presionan o si te presionas y adoptas un ritmo que no es el tuyo lo acabarás pasando mal.

Mi hija aprendió a planificarse. Se dio cuenta de que para que algo salga bien hay muchos pasos previos que completar. Para que una carrera salga bien tienes que tener el material adecuado, estar bien nutrido y bien hidratado, haber calentado y estirado adecuadamente y estar en el lugar y el momento indicados junto a otras personas con las que compartirás un instante de tu vida.

Mi hija aprendió que cuando no estás preparado puedes pasarlo mal. Y aprendió que en vez de renunciar a lo difícil, lo mejor es prepararse más acertadamente y con más esmero.

Pero lo más importante que aprendió es que solo te puedes parar para coger impulso. Mi hija corrió hasta que tuvo flato, momento en el que paró. Buscó una mirada de apoyo, alguien que le explicara qué era lo que le estaba pasando. La encontró y decidió seguir hasta el final. Andó, volvió a correr y volvió a andar hasta cruzar la línea demeta… pero lo más importante es que aprendió.

En mayo correrá la Transvulcania Kids. Ella así lo quiso y así lo sigue queriendo después de su primera carrera, aquella que acabó andando y en la que tanto aprendió. Sabe que es una carrera más larga y sabe que no quiere renunciar a ello, lo que quiere es prepararse para poder aplicar todo lo que aprendió una tarde de Marzo corriendo junto al mar.

Mi hija corrió con unas expectativas irreales y que, por lo tanto, no se cumplieron; pero lejos de culparse, de limitarse, de precipitarse en sus conclusiones o de evitar la frustración… Aprendió. No quiere repetir el mismo error. No por ello renunciará a sus objetivos. Aprendió.

¿Acaso cuando corremos no nos estamos preparando para la vida? Correr es bueno para la salud, pero también lo es para el alma. Cuando corremos aprendemos. Me encanta encontrarme con gente corriendo por la montaña, en la ciudad o en la playa. Me encanta que en la pasada maratón de Barcelona miles de personas superaran el mítico muro.

Me encanta correr y me encanta correr en lugares maravillosos; pero a veces no puedo correr por culpa de la fatiga, el dolor o el flato… Y entonces lo que hago es parar, cerrar los ojos, respirar tranquilamente y aprender…

Sigue corriendo. Sigue aprendiendo. Si el próximo 7 de mayo estás en La Palma, será un placer correr y aprender a tu lado en la Transvulcania.

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