como te ha ido el diaHola cariño. ¿Cómo te ha ido el día? Siento haberte levantado tan rudamente. ¿Qué? Tienes razón. Si lo prefieres te levanto un poco antes para que puedas despertarte a tu ritmo, vestirte a tu ritmo y desayunar a tu ritmo. A veces olvido que eres un niño. Pretendemos que te integres rápidamente en este trepidante ritmo que nos marca la sociedad.

A mí tampoco me gusta. ¿Qué por qué lo hago? Pues no lo sé cariño. Ahora no quiero pensar sobre eso. Me pongo triste. Gracias cariño, tus besos son maravillosos. Venga acábate la merienda que tienes que hacer los deberes. Vaya, otra vez con las prisas. olvidaba que has estado todo el día en el colegio.

¿Te ha ido bien? ¿No? Bueno mañana te irá mejor. A mi tampoco me ha ido bien. Tienes que acostumbrarte. La vida es así. Tienes que ser duro y aguantar. Disfruta ahora que tú puedes. Cuando tengas que trabajar será peor. Sí, el cole es tu trabajo. ¿Cómo? ¿Que tú no puedes escoger nada y yo si? Yo no puedo escoger cambiar de trabajo. No cariño. No es tan fácil. ¿Que lo tuyo es peor? Es un entrenamiento para cuando seas grande. ¿Qué? ¿Que quieres escoger la ropa que te pones? ¿Y el colegio al que vas? ¿Y qué comer?

Sí, cómo no tengo bastante trabajo te voy a preguntar que qué quieres para cenar. Bueno tienes razón, no me cuesta nada que elijas el tipo de pasta de la sopa, ni el tipo de verdura que quieres de entre las que tengo en la nevera. Tienes razón tampoco me cuesta dejarte escoger si quieres la verdura con aceite, soja o tomate. Ya sé que no cuesta tanto pero es que al llegar a casa tengo que hacer un montón de cosas.

¿Así te ha ido bien el colegio? ¿No? ¿Pero te ha ido muy mal? No será para tanto. Son cosas de niños. Eso no es un maltrato. Son juegos. Sí que es un poco cruel, pero la vida es así. ¿Se lo has dicho a la profesora? ¿Sí? ¿Y qué te ha dicho? ¿Que lo arregléis entre vosotros? Vaya. Pues no le hagas caso a lo que digan de ti. Eres demasiado sensible. Cuando seas grande lo pasarás mal.

Ponte ya con los deberes. No, no puedo ayudarte a hacerlos. Tienes que hacerlos tú solo. Tienes que ser independiente. ¿Que por qué tienes que ser independiente? Es mejor. Tú lo que quieres es que esté contigo un rato más. No puedo. Tengo que arreglar la casa. No, no hace falta que me ayudes.

Ya sé que es una pérdida de tiempo y que no sirve para nada. Vete acostumbrando. ¿Tú sabes la de informes que hago yo que no sirven para nada?

Pues sí, visto así, la educación que tenemos sirve perfectamente para prepararte para la vida que tendremos de adultos. De esta conversación, ficticia y real a la vez, podemos reflexionar varias cosas. La primera es que tenemos que tratar de imaginarnos qué sienten nuestros hijos cuando interaccionan con nosotros. La segunda es que muchos de los problemas de Bullying, de mal rendimiento académico o de comportamiento nacen en casa. La tercera es que nuestros hijos nos piden consejo continuamente y no siempre se lo damos. ¿Somos conscientes de que somos su referencia y de que nos necesitan?

La cuarta y última reflexión es que tenemos que reconsiderar el ejemplo que estamos dando a nuestros hijos. Seriamente. Urgentemente. Permítete parar a pensar sobre la vida que llevas y permítete ponerte triste por ello, incluso enfadarte por ello. ¡Enfádate! Y después de ese enfado transforma toda tu ira en energía constructiva para imprimir un giro a tu vida y ser un ejemplo digno de recuerdo para tu hijo.

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