overbookingHace unos días me llamaron para informarme que con mi tarifa de teléfono tenía incluido un servicio que no estaba disfrutando: una antena parabólica que me proporcionaba acceso a un centenar de canales vía satélite.

El caso es que con esta súper antena me senté delante de la televisión a ver mis nuevos canales. Me gustaría compartir mis conclusiones después de un rato haciendo zapping: la cantidad de sadismo y crueldad que observé.

Empiezo por las series. Terrible. Escalofriante. No es que sean duras, es que son ilustrativamente sádicas. ¿Qué efecto tiene visualizar tanto dolor? Como mínimo normaliza algo que no es normal, lo cual es preocupante; pero es que además proporcionan ideas retorcidas y creativas para poder infringir más sufrimiento a posibles víctimas. ¿Qué sentido tiene? Claro, tanto ver abusos de poder, asesinatos, resentimientos, venganzas y frustraciones varias, nuestro cerebro entra en una especie de resonancia cruel en la que, como mínimo, prestaremos atención selectiva a situaciones que nos permitan sintonizar con la posibilidad de infringir dolor a aquellas personas que creemos que se lo merecen, pasemos o no a la acción.

Pero hay otro fenómeno que también me preocupa. ¿Por qué necesitamos ver este tipo de series? Estamos programados para sentir empatía ante el dolor ajeno. ¿Qué está ocurriendo? ¿Nos estamos desensibilizando? ¿Acaso tenemos grandes dosis de frustración que gestionar? Además, en vez de aprender a gestionarla, lo que hacemos es buscar maneras creativas y sádicas para regocijarnos en nuestra frustración y normalizarla.

Lo que más me preocupa es que estas series responden a las demandas de la audiencia. ¿Qué nos está pasando? ¿Acaso las series están pensadas para personas resentidas repletas de rabia contenida a la que tienen que darle salida? ¿O es que este tipo de series convierten a su público en seres crueles adictos a dosis diarias de violencia y venganza?

En fin, además de las series, también podemos encontrar sobredosis de satisfacción por el dolor ajeno en películas, realitys, tertulias y telediarios… Apagué la televisión con un mal cuerpo que me duró toda la noche. Es una pena que un medio de comunicación tan potente dedique tan escasos minutos a programas constructivos, inspiradores -no de violencia y crueldad- o educativos.

Por eso, propongo que se cree una cadena de televisión con contenido exclusivamente constructivo e inspiracional, como experimento, subvencionada por alguna universidad o entidad filantrópica y que analicemos lo que pasa.

Yo colaboro en la televisión, desde donde intento difundir recursos para vivir mejor, comprender mejor a las personas y relacionarnos de una manera mas constructiva. La televisión me ha permitido sacar la psicología de la consulta y ponerla a disposición de personas que no tienen acceso a un profesional. Pero lamento que el espacio destinado a infringir, provocar, mostrar o comentar el dolor ajeno quintuplique, por lo menos, el tiempo dedicado a espacios constructivos y educativos.

¿Qué me dices de los programas que nos pueden mostrar otros países a los cuales no podemos viajar? ¿Y de aquellos programas que nos enseñan otras culturas y otras formas de pensar? ¿Y de aquellos en los que se entrevistan a grandes pensadores? Cambiando la programación podríamos incidir en el estado de ánimo de las audiencias favoreciendo una actitud más positiva, constructiva y enriquecedora.

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