Lo que la gente no sabe es que no es lo mismo estar triste que estar deprimido; de la misma manera que no es lo mismo tener un poco de azúcar que ser diabético. Lo que tampoco se entiende es que una persona deprimida no elige deprimirse, no desea estar mal, ni tan solo disfruta con la compasión de las personas que le rodean. La depresión es una enfermedad tan grave que incluso llega a afectar a la mayor parte de procesos cognitivos. Una persona deprimida piensa menos y peor, es incapaz de tomar decisiones, sufre delirios acerca de sus capacidades, de su autoestima y de su futuro y además ha de luchar contra su enfermedad y contra la incomprensión y la estigmatización de las personas que le rodean.

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