politicaCreo que tendríamos que dejar de hablar de política para empezar a hablar de deseos. Yo de política no sé nada, pero de deseos sí. Observo a mi alrededor, como el privilegiado testimonio y protagonista de este momento histórico que soy.

Algo más de 4 millones de personas han expresado sus deseos. Algo más de un millón no. Unos desean la independencia, otros no y como humildes y predecibles mortales, somos capaces de distorsionar la realidad hasta hacerla coincidir con nuestros deseos. Bueno todos no, saber ver la realidad libre de contaminación subjetiva requiere de un ejercicio de madurez y de fortaleza emocional. De hecho la diferencia entre un fracaso o un éxito, radica, en numerosas ocasiones, en la gestión del deseo.

También puedo hablar de emociones. Te puedo explicar que un estado emocionalmente intenso provoca que nuestra razón desaparezca y que la impulsividad, la excitación y la vehemencia tomen el control de nuestra mente. Sí, exactamente igual que has podido ver en la película ‘Del revés’ de Disney. El miedo, la ira, la tristeza o el asco son malos consejeros cuando se sienten fuertes y toman el mando de nuestro centro de control. La emoción es rápida, pero poco precisa. Apenas un cuarto de segundo después llega la cognición para gestionar la emoción y dar una respuesta apropiada… Pero en algunos casos, preferimos seguir embriagados por el trance del secuestro emocional y renunciamos a nuestro más preciado tesoro… La capacidad para pensar, razonar y analizar.Hablemos del miedo y del papel que tiene en las decisiones que tomamos y en las que dejamos de tomar. El miedo es una emoción muy primitiva que provoca una reacción de huída o bien te deja paralizado esperando que por arte de magia pase el temido origen del miedo. Ante cualquier situación realizamos una valoración primaria muy rápida. Tan rápida que suele ser inconsciente. Siempre, ante todos y cada uno de los estímulos que percibimos, nuestra mente se pregunta si supone un peligro para nosotros o no. Pero el tema no queda aquí, vamos más allá ya que también nos preguntamos si somos capaces de hacerle frente o no y en función de la respuesta que nos demos a nosotros mismos, se disparará una señal de alarma que nos provocará el temido miedo.

Yo no sé de política, pero conozco muy de cerca cómo funciona la esperanza y la decepción, ambas caras de una misma moneda. La esperanza suele sobrevalorar la probabilidad de ocurrencia de lo esperado y claro, cuando lo esperado está sobrevalorado, acto seguido aparece la decepción provocando que te precipites en tus conclusiones y que extraigas una resolución parcial, generalista y, normalmente, poco acertada.

Poco sé de política y menos de predecir el futuro; pero de lo que sí que sé mucho es de observar a la gente, su comportamiento, sus emociones, sus deseos y sus miedos y a lo largo de este proceso que está viviendo Catalunya y España he podido observar una amplia variedad de comportamientos. Nobles algunos, mezquinos otros. He visto perversión, manipulación y crueldad. He oído mentiras propias de quien piensa que su interlocutor es idiota. Pero también he visto ilusión, empatía y compasión. He visto una cadena humana que cruzaba Catalunya de punta a punta, he visto familias ilusionadas, abrazos y sueños compartidos.

Es por eso que prefiero no hablar de política, sino de deseos. No me interesan las afirmaciones, me interesan los hechos. No me gustan las declaraciones de intenciones, prefiero los planes de trabajo. Huyo de las promesas y busco la acción. Prefiero el débito al crédito.

Pero lo que sí que es cierto es que cuando juntamos intereses, miedos, deseos, esperanzas, créditos, promesas, política y declaraciones de intenciones; lo más probable que ocurra es decepción, manipulación, mentira, ira, miedo, negación, vehemencia, incoherencia y desorientación.

No hablemos de política, hablemos de personas, de personas que tienen deseos, sueños y miedos. De personas que quieren dialogar y de personas que no quieren escuchar. De personas que insultan y que menosprecian y de personas que desean expresarse libre y constructivamente…

No hablemos de política, hablemos de personas que piensan y sienten.

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