rodeadoEstoy rodeado de imbéciles. La gente es imbécil. Me cuesta soportar la imbecilidad que reina a mi alrededor.

Vas a comprar el pan y una imbécil te cobra mal porque está distraída, con pocas ganas de trabajar y te menosprecia a ti y a lo que cree que representas. De camino al trabajo te encuentras con un imbécil adelantando a varios vehículos temerariamente para no perder ni un segundo de su precioso tiempo. Llegas al trabajo y un imbécil de jefe te manda a hacer cosas sin sentido porque es incapaz de cumplir sus funciones adecuadamente.

El trabajo, no me hagas hablar del trabajo. Me paso el día rodeado de imbéciles que en vez de trabajar se dedican a navegar por internet, a fastidiar a sus compañeros y a robar lo que pueden de la empresa. Trato con clientes imbéciles que te utilizan como sparring para descargar sus frustraciones y tengo que perseguir a proveedores imbéciles que creen que eres imbécil y que te pueden tomar el pelo e incumplir sus contratos.

Voy a comer y me encuentro con un metre imbécil que cree que te puede servir comida en mal estado y que no te darás cuenta. Mientras estoy comiendo no paran de aparecer imbéciles por la televisión. Un imbécil decide que puede derribar un avión repleto de inocentes civiles. Otro imbécil se dedica a matar todo bicho viviente en Gaza. Otro imbécil cree que puede tomar el pelo a millones de españoles… Mejor paro de describir los miles de imbéciles que llenan los minutos de televisión y las hojas de los diarios.

Salgo a tomar una copa después del trabajo y un imbécil se toma la libertad de ponerle un nombre inglés –afterwork– a lo que estoy haciendo para parecer más cool. Veo un anuncio de un imbécil que anima a miles de imbéciles a participar de un concurso de mamadas. Desde luego, no me digas que no hay que ser un imbécil rematado para mamársela a un imbécil por una copa.

De camino a casa ve el anuncio de la empresa de un imbécil, creado por un publicista imbécil que te incita a comprarte un coche determinado para hacer felices a tus hijos. ¿Te das cuenta de cómo juegan con nuestros sentimientos? Seguro que detrás de esta estrategia hay un psicólogo imbécil que ha descubierto que si utilizas a los hijos de tus clientes puedes manipular mejor su intención de compra.

Y no creas que me olvido de los imbéciles que creen que se puede privatizar la sanidad o la educación; ni de los imbéciles que nos toman por imbéciles y que recortan nuestros derechos sociales; ni de los imbéciles que viven a todo trapo pasando por encima de quien se interpone en su camino; ni de los imbéciles que ni tan solo son capaces de respetar a sus congéneres; ni de los imbéciles que se precipitan con sus opiniones y juicios y que se creen capaces de juzgarlo todo, de machacarte y de criticarte…

Tomás, no me digas que no estamos rodeados de imbéciles. No me digas que simplifico la realidad. No me vengas con que mis esquemas no son adecuados y que debería cambiar mis expectativas sobre las personas. Dime qué puedo hacer para aprender a tolerar a los imbéciles que están a mí alrededor. Al final me tengo que volver un pasota para poder vivir en paz. Tomás, ¿acaso tiene la psicología alguna receta para terminar con la imbecilidad que nos rodea?

Y yo me siento un imbécil más mientras reflexiono sobre las palabras que acaba de compartir conmigo mi cliente…

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