mundialYa estamos fuera del mundial de fútbol. Terrible. Además de no tener con que distraernos durante un tiempo, tenemos a millones de aficionados futboleros sumidos en una terrible decepción

Así, de repente, sin avisar, aparece la decepción. Cuando menos te lo esperas. Cuando más ilusión tenías. Terrible, de nuevo. No podemos entender el mecanismo de la decepción sin partir de la base de que para que ocurra una decepción es necesario tener una expectativa. Quien no espera no se decepciona, pero lejos de proclamar que no necesitemos nada, debemos asumir que somos seres humanos, con nuestras virtudes y nuestras debilidades y que esperar, confiar o necesitar son aspectos que forman parte de la condición humana.¿A quién no le gusta que se acuerden de él en su cumpleaños? ¿Quién no ha fantaseado antes de ir de vacaciones imaginando lo que podía ocurrir? ¿Quién no ha supuesto como podía ser su primera cita con la persona amada? ¿Quién no se ha visto celebrando el éxito de la roja? O de la blanca, disculpe mi poco conocimiento del deporte rey.

Esperar a que ocurra algo, tener una expectativa o prever que puede ocurrir son cualidades humanas. Si esperamos a que venga un príncipe azul estaremos equivocados. Es mejor buscarlo activamente. Así que es importante identificar bien los elementos sobre los que se puede esperar de los que no. Posiblemente con una actitud de búsqueda adecuada y afinando sobre lo que podemos esperar y lo que no, ganaremos bastante en calidad de vida y bajaremos nuestro índice de decepciones.

De hecho ese es el problema, que mientras esperamos no buscamos, por eso es tan importante aprender a discriminar lo que podemos esperar de lo que no. No obstante hay personas que de la misma manera distorsionada creen que pueden conseguirlo todo, de hecho hay falsas y populistas proclamas que te animan a creer que lo puedes todo. Si quieres puedes, pues no, claramente no. Si quieres y si se dan una serie de circunstancias podrás conseguir algunas cosas. Pero créeme, no puedes conseguir cualquier cosa con tan solo desearlo.

Si creemos que no conseguimos nuestro objetivo porque no lo estamos haciendo bien, entonces tendremos la decepción servida, cuando en realidad la expectativa de que lo podida conseguir no era más que una falacia que ha guiado nuestros pasos hacia el fracaso y la decepción.

¿Cuál es el secreto? ¿No esperar nada de nadie? ¿Asumir que la selección podía sucumbir en tan solo dos partidos? No. El secreto está en aprender a discriminar. Discriminar es la clave. Si puedes discernir lo que debes perseguir, de lo que debes dejar ir ganarás en equilibrio.

Una última reflexión. Debemos aprender a discernir cuando no era posible hacer nada más o cuando la responsabilidad de la decepción es nuestra. Os animo a que hagáis este ejercicio sin culpas ni culpables, tan solo analizando si quizás con otro comportamiento hubieras podido evitar una decepción. Para poder analizar este aspecto hay que ser emocionalmente muy maduro ya que, a menudo, muchas personas, prefieren no pensar sobre lo ocurrido, por lo que no aprenden nada y por lo que será mas probable que vuelva a repetirse la misma situación.

No siempre, pero quizás es posible que te equivoques al elegir a la persona en la que debes confiar, en la selección que apoyas o aquello en lo que tienes fe ciega e irracional. Si crees que se trata de mala suerte y no analizas que hay una parte que depende de ti, seguirás equivocándote y equivocándote en tus elecciones.

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