parejaPara poder responder a esta pregunta primero debemos formularnos otra pregunta: ¿Como escogiste a tu pareja?

Hay quien ha escogido a su pareja por su belleza o por otros valores perecederos como la atracción física o la pasión. Este tipo de relación tiene fecha de caducidad ya que la vida nos va cambiando nuestro humor, nuestra vitalidad y nuestro cuerpo.

También hay personas que eligen a su pareja por motivos relacionados con el orgullo. Si eres la pareja de una determinada persona conseguirás elevar tu categoría social, dar mucha envidia a tus amistades y te proporcionará una seña de identidad.

Hay personas que eligen a su pareja para cubrir sus déficits, en ocasiones de autoestima, de seguridad o afectivos. Depositan expectativas irreales en la pareja. De hecho, más que una pareja, esperan a un sanador, un terapeuta o una persona dominante que tome decisiones por ella o él. El problema aparece cuando estas personas crecen y se dan cuentan de que ya no necesitan este modelo de pareja.

Muchas parejas han sido escogidas por motivos económicos o de seguridad. Se busca el bienestar, no el amor. La seguridad que obtendrás tiene un elevado coste emocional en clave de sumisión, anulación de la propia identidad y pérdida de la capacidad de elección.Hay quien escoge a su pareja por descarte. Cuando ya no queda nadie más disponible en el grupo de amigos se deciden por una persona, independientemente de que encaje con sus valores y objetivos. De manera muy parecida hay personas que escogen a su pareja por cansancio. Después de pasar mucho tiempo buscando a una persona llegan al final de sus fuerzas y escogen prácticamente al azar el que ha de ser su compañero o compañera durante toda la vida.

He conocido a personas que han escogido a su pareja por accidente, normalmente en forma de embarazo prematuro o no deseado. Estos accidentes suelen estar provocados por actos impulsivos, momentos de ‘enajenación pasional’, estados alterados de la consciencia por consumo de alcohol u otros tóxicos, o en contextos festivos, vacacionales o emocionalmente intensos. La evolución de este tipo de parejas suele ser incierta y a menudo dolorosa.

Hay quien ha elegido su pareja como su particular obra social, pensando que sería capaz de cambiarla y hacerla mejor. Son personas que les gusta complicarse la vida o ir con la bandera de víctimas. Sobrevaloran sus propias capacidades y en realidad están con su pareja por un concepto de compasión mal entendido.

No nos olvidemos de las parejas ‘salida’ que te permiten huir de una situación, salir de casa de los padres, ir a la ciudad o a otro país… Parejas que en realidad son instrumentos para conseguir un objetivo. Personas manipuladas para ayudarte a conseguir tus objetivos.

Hay parejas que se forman por sintonía, por parecidos razonables. Tenemos los mismos gustos, los mismos intereses, los mismos sueños. En este caso la viabilidad de la pareja está algo más afianzada, aunque nunca está garantizada.

Incluso en las parejas que están hechas el uno para el otro, donde ambos se han conocido durante mucho tiempo, en situaciones diferentes, donde la elección ha tenido un componente emocional, racional e intuitivo; incluso en estas parejas ideales, no podemos garantizar una relación de pareja plena y satisfactoria.

A menudo la vida nos cambia el escenario y debemos adaptarnos a estos cambios como pareja. Una enfermedad, un accidente, una época de estrés, una muerte cercana, las consecuencias de un despido… Cualquiera de estas situaciones va a requerir un esfuerzo de adaptación de la pareja para poder superarla sin menoscabar la relación afectiva.

Para poder superar estos obstáculos necesitamos evolucionar con nuestra pareja. Madurar como personas y como pareja. Tan solo con confianza, respeto, buena comunicación, colaboración y compromiso podremos construir una relación de pareja sólida y estable.

¿Pero por qué nos equivocamos tanto?

Porque nuestras elecciones responden a nuestros esquemas, deseos, objetivos y necesidades; sean adecuados y adaptativos o no. Además nadie nos ha enseñado a analizar a las personas para poder formarnos una idea fiable de cómo es el candidato o candidata que tenemos delante.

¿Y qué pasa si me he equivocado?

Por supuesto el mecanismo de defensa del autoengaño siempre nos permite compensar temporalmente estas desviaciones. Cuando el autoengaño no funciona solemos tener conductas compensatorias como comprarnos artículos de lujo, comer y beber en exceso, tener una aventura extramatrimonial, ir de vacaciones solos o darnos una paliza corriendo o realizando cualquier otro tipo de deporte o actividad que nos deje extenuados y descargados.

Posiblemente el sobrecoste que estás pagando te esté restando energía. Cuando acumules mucho cansancio tendrás la temida crisis de los 30, 40 o 50; que posiblemente salpicara a tu relación de pareja, tu trabajo, tus amigos y tu familia.

Ahora ya te puedes volver a plantear la pregunta inicial.

¿Conoces a tu pareja?

Te animo a que la conozcas o la reconozcas. Primero inténtalo con tu pareja actual, pero no descartes buscar una persona más adecuada si lo necesitas. En el mejor de los casos ganarás en bienestar, felicidad y emociones positivas, volverás a enamorarte y disfrutarás de cada instante con tu pareja.

En el peor de los casos, si no conocemos a nuestra pareja, puede ocurrir que nuestra pareja nos implique en tramas oscuras y corruptas o en engaños y mentiras. Que de repente te despiertes en medio de una investigación judicial acechada por los medios de comunicación.

Como dice un antiguo proverbio chino, si no quieres que nadie se entere mejor no lo hagas. Pero no por miedo, sino por respeto.

Como dice el juez Castro, si no quieres que te impliquen en una causa con la justicia debes llevar un vida virtuosa, especialmente si eres un personaje público.

Y como dice un servidor, si me lo permiten, lleva una vida virtuosa con una pareja a la que conozcas y que comparta tus mismos valores y objetivos.

¿O será verdad aquello de que los que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión?

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